Gente que por miedo a no ser escuchada se grita, con el paradójico resultado de que nadie se escucha.
Gente que por rencor de no sentirse escuchada se tapia la boca y con ella el alma, haciendo del incompartido silencio reinante algo tan oscuro que ni llueve.
Gente que decide hablar correctamente, comunicándose con tanta corrección que nadie entiende nada a pesar de lo perfecto.
Cuando un idiota mete la pata va mal.
Pero cuando concuerdan varios idiotas en meter la pata juntos, la cosa ya va mucho peor.
Porque en esos casos salir de la idiotez colectivamente amplificada se considera meter la pata. ¿Quién podrá decir quién está en lo correcto, y quién en lo equívoco?
Se hace difícil vivir entre las personas cuando ni siquiera el mero instinto de supervivencia da suficiente sustento a cualquier idea que se pudiera dar o tomar por guía.
Abrir o cerrar la boca.
Siempre fue meter la pata.
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