Hace año y medio descubrí que padecía de ansiedad. He pasado la vida entera con una ansiedad de caballo y solo hace un año que me di cuenta; y eso después de que me lo repitiera una familiar - de las pocas a quienes realmente escucho - hasta el hartazgo: "¿eres gilipollas o que no te das cuenta que tienes una ansiedad que te mata?". Y ahora me comienzan a surgir en la consciencia sentimientos fuertes de vergüenza, una vergüenza tan profunda que deseo constantemente morir, y en la cual se enraíza una depresión que parece habérseme mezclado con la sangre, porque si me preguntan vergüenza de qué, al final y al cabo no lo sé, vergüenza de mi, o peor, no siento vergüenza, soy vergüenza, la vergüenza en sí. La vergüenza que se come a sí misma y busca la muerte.
Tengo tanta vergüenza que no consigo dar tres pasos de palabras en dirección a una declaración clara sin convertirlo de repente en un poema que magnifica, sugiere, oculta, y a fin de cuentas confunde lo que iba a decir. La vergüenza y la censura se hermanan, van juntas. Me doy cuenta de la vergüenza cuando oigo en mi cabeza la censura. Y vice versa. Mi cabeza está llena de censura, mi cuerpo de vergüenza. Juntas, se las han apañado para formar una personalidad destartalada. Una personalidad de dos fuerzas que no se hablan: censura y vergüenza. Cuando dejo de censurarme percibo la vergüenza; cuando relajo la vergüenza percibo la censura. Las palabras que emiten la censura tienen que ver con lo que es bueno y malo respecto a mil cosas: el carácter, el sexo, la familia, el trabajo, etc. Si intento aclararme de dónde me vienen esas censuras, me mareo, porque realmente no vienen de mí. Las he internalizado y procesado de una forma confusa, con ansiedad, y se han tornado mente en mí, han mentalizado mi persona de tal modo que ya casi ni reconozco quien soy, quien era. Como si me hubiese autocolonizado con mi confusa representación de los impulsos que hay que inhibir o canalizar, los pensamientos y sentimientos que son o no son válidos. Y digo que mi representación de esa exterioridad social de reglas o convenciones o censuras es confusa, porque si de muy pequeño se te mete en la situación de callar tu violación y apañártelas como mejor puedas, por más reglas que internalices después, por más que luches, no vas a encontrar jamás la regla que te brinde estabilidad donde vive tu mayor odio, tu mayor miedo, tu mayor vergüenza. Porque simplemente no existe regla que valide o desvalide tal crimen. Es el tipo de crimen que se comete en el silencio y que se deja en, o aparta al, silencio. Está subrepresentado en cuanto a "reglas" que alguien pudiese interiorizar cuando crece. De hecho, las "reglas" que percibí en mi entorno al crecer siempre me parecieron draconianas, abusivas, dirigidas más en mi contra que a mi favor - no sé por qué, yo lo recuerdo así. No me refiero a que mi familia me tratase bien o mal - me refiero a que percibía las reglas de la existencia social como puñetazos dirigidos hacia mi personita. Por eso, la lucha por internalizar lo correcto es fiera y despiadada, y uno tiene que caminar el delgado filo entre falsearse del todo, mentir la propia verdad y sentimientos a favor de un alguien que no se es y nunca existió, o caer una y otra vez herido de extrema gravedad, ya que nadie hay en tu silencio y soledad: ni siquiera tu mismo. Es imposible una estabilidad sobre ese delgado filo. Siempre se oscila entre la mentira por omisión - uno simplemente no comunica como se siente, o incluso pierde la capacidad de hacerlo, o lo tergiversa mánicamente ; y la sinceridad, que demasiado a menudo ocurre cuando, de la forma, o con quien no toca, acabando en alguna forma de herida o abuso que no ayuda a quitar la vergüenza y la culpa que se autoconstatan en un círculo vicioso.
Hablo así de abstracto porque simplemente me da asco hablar de mi. Es poquísima la gente con quien consigo sentirme lo suficientemente percibido, y apreciado, como para abrir las esclusas. Míralo, ahí viene: dejar las excusas... el mánico tergiversador.
Pero en fin, voy tirando del hilo. Hay cosas que quisiera decir porque si no se atragantan. Llevo toda la vida atragantado y quisiera encontrar mi voz, alguna voz. Alguna voz que no sean esas que claman como campanarios en mi colonizada mente cada vez que percibo mi auténtica verdad. Una verdad que quiero reconocer que es bella, porque lo es, porque soy yo, aun siendo así tan pobre que aún no puedo con los clamores y me caigo desangrado, cansado. Sea como fuere, sé que es una verdad muy bella. Allí abajo en el fondo del mar, donde no hay más luz, el suelo es un espejo, y detrás del espejo, en la superficie de otro mundo, estoy yo esperándome, y me quiero.
Pero en fin, voy tirando del hilo. Hay cosas que quisiera decir porque si no se atragantan. Llevo toda la vida atragantado y quisiera encontrar mi voz, alguna voz. Alguna voz que no sean esas que claman como campanarios en mi colonizada mente cada vez que percibo mi auténtica verdad. Una verdad que quiero reconocer que es bella, porque lo es, porque soy yo, aun siendo así tan pobre que aún no puedo con los clamores y me caigo desangrado, cansado. Sea como fuere, sé que es una verdad muy bella. Allí abajo en el fondo del mar, donde no hay más luz, el suelo es un espejo, y detrás del espejo, en la superficie de otro mundo, estoy yo esperándome, y me quiero.
Me encanta. Simplemente, me encanta.
ResponderEliminarMillones de abrazos desde el Averno, porque creo que se ha abierto por fin la brecha, para dejarte salir.
Y en el Olimpo dejaré dos flores en luna llena
ResponderEliminarLo importante es siempre fiel a uno mismo, nunca es fácil pero poco a poco se puede lograr.
ResponderEliminarEste mundo es implacable y cruel, pero tambien se pueden encontrar caminos que aunque no son los mas transitados ,son los mejores para cada quien.
Me ha encantado leerte y leer el final: estoy yo esperandome, y me quiero.
Te dejo un abrazo muy fuerte.
Gracias Leo. Entre mi y yo hay un abismo y me da vertigo. Pero ahi estoy :-D
ResponderEliminarUn abrazo