El mundo está tan lleno de caminos tuertos,
De manzanas envenenadas,
Enterradas en el abono de nuestras mentes.
Qué difícil se hace mantener nuestro jardín,
Atender nuestras desquebrajadas mentes,
Cuando sentimos que el mundo es un incendio por apagar.
¿Y por qué tanto alboroto,
Si esta masa de carne no es distinta
De la mosca que se pasea ante la pantalla de mi ordenador?
¿Qué inteligencias coordinan nuestros movimientos?
¿Qué aleatorios absurdos determinan nuestro vivir
Y nuestro morir?
Yo sé muy bien que Dios no existe,
Y sin embargo,
Hay algo que insiste en no dejarme morir.
Sólo cuando siento el roce de tu piel
Entiendo perfectamente por qué
El temor fue siempre ficticio.
Y no hay más cera que la que arde.
De manzanas envenenadas,
Enterradas en el abono de nuestras mentes.
Qué difícil se hace mantener nuestro jardín,
Atender nuestras desquebrajadas mentes,
Cuando sentimos que el mundo es un incendio por apagar.
¿Y por qué tanto alboroto,
Si esta masa de carne no es distinta
De la mosca que se pasea ante la pantalla de mi ordenador?
¿Qué inteligencias coordinan nuestros movimientos?
¿Qué aleatorios absurdos determinan nuestro vivir
Y nuestro morir?
Yo sé muy bien que Dios no existe,
Y sin embargo,
Hay algo que insiste en no dejarme morir.
Sólo cuando siento el roce de tu piel
Entiendo perfectamente por qué
El temor fue siempre ficticio.
Y no hay más cera que la que arde.
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