Y cuando lo conseguía, veía el sol brillar.
Yo era pequeño y el mundo grande.
Jugaba haciéndolo pequeño y mágico a mi medida.
Cuando la pequeña ansiedad no reinaba,
Era feliz y amaba sin saber amar.
Veía el mundo y sabía sin saberlo.
Crecí y el amor se refugió en una oscura catedral.
Quise comprender pero el mundo se tornó alucinante espejo.
Simple y llanamente quería despertar.
Y descubrí que mi despertador no tenía botones.
Hasta que un día, por embrujo de amor,
Por la mera hechicería del
Tonelaje de deseo acumulado,
Las subterráneas fuentes tapiadas,
De las aguas limpias,
Brotó mi sueño en la realidad.
Y me despertastes tu.

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